HISTORIA DE LA VIDA
Había una vez un hombre con una identidad de cartón, una casucha de adobe que simulaba hormigón armado, una historia de libro de cuentos contada por los adultos y destinada a ser creída por los pequeños, fundada sobre zócalos forjados con el más inquebrantable de los silencios. Tenía un auto y una casa, afectos sujetados con alfileres, tíos, abuelos, padres, hermanos, y una soledad inexplicable que abarcaba todos los espacios.
Una tarde una verdad indiscreta se disfrazó de muerte y se filtró por entre las grietas de los muros y los pisos y, como el agua que brota de una napa subterránea, a su paso acabó arrancando bloques enteros de silencio, hasta derribar por completo el andamiaje que desde el inicio lo había sustentado.
Quedaron, el hombre y su vida, reducidos a un montón de escombros apenas clasificables, y el abismo que se abrió bajo sus pies amenazó con arrastrarlo sin escalas hasta el fondo, y acabar de una vez con la ilusión que al cabo siempre había representado.
Pero alguien que no fue dios lo abrazó justo a tiempo y le dijo, en el preciso instante en que la tierra se abría, que lo amaba, y así lo salvó.