manocruel ©

16.10.06

cierta vez, hace una pila de años, estaba yo caminando por el microcentro de buenos aires haciendo no sé qué trámites y, mientras esperaba el paso en un semáforo, fui (creo que único) testigo de la siguiente escena:

en la esquina opuesta a la mía había una iglesia.
en la escalera de acceso había una mujer sentada con un bebé en brazos esperando la caridad de los transeúntes.
junto a ella, aunque apenas separada por un metro escaso, uno nena de unos dos o tres años que la acompañaba.
era horario bancario, así que el tránsito de peatones, autos, taxis y colectivos era, como siempre, un infierno.
la mujer estaba abstraída atendiendo a su bebé, desatenta a lo que ocurriría a su alrededor en los próximos cinco segundos.
se detuvo un auto muy moderno en la esquina.
de él bajó un señor de traje y dejando la puerta abierta se acercó corriendo a la nena, puso en su mano un billete (no recuerdo de qué valor, pero por el color supe que era uno GRANDE) y a la carrera volvió a montar su auto mal estacionado, partiendo tan rápidamente como había llegado.

la mujer no vio nada.
ni quién, ni cuándo, ni cómo.
salió de su abstracción recién al sentir que la nena le tocaba el brazo para darle lo que para ella había sido una moneda más de una persona más.
y se quedó mirando alternatiamente las caras de los que pasaban, la de su hija y el billete, sin entender.

ayer transité de paseo por esa esquina -desierta por ser domingo-.
nunca pasa mucho tiempo sin que vuelva a preguntarme quién era ese hombre y porqué había hecho lo que hizo.

igual que la mujer con el bebé en brazos, nunca lo sabré.

1 Comments:

Blogger Loca_Sola said...

Increíble. La anécdota. La forma de contarla. El señor del auto. Los transeúntes que no se detienen a observar esos pequeños hallazgos del universo. Saludos. Buen Blog. Una pregunta.. ¿vos mandabas hace un tiempo mails con biografías o algo así?...

7:49 p. m.  

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