manocruel ©

16.8.05

Carajo

Tengo, por lo menos, dos caras. Ninguna de las dos se sostiene por sí sola. De modo que la función de la una es desplazar sucesivamente a la otra cada vez que esta empieza a decaer. Son las caras de uso diario, de levi´s todo terreno. Una la heredé de mi abuelo Juan, muerto hace unos años (todos los funerales son tristes, pero el suyo fue de un silencio tan respetuoso, intenso y estremecedor, que aún hoy se me eriza la piel cuando lo recuerdo). Fue un tipo rudo, muy rudo, de a caballo, terco y autoritario. Trabajó desde muy pequeño. Su universo conocido, el campo, fue quedando acorralado con los años en espacios cada vez más empobrecidos. Nacido en medio de La Pampa inmensa de principios del 1900, acabó sus días en un departamento de dos ambientes en el barrio de Once. Estaba lleno de historias asombrosas y una de ellas contaba que su padre había amasijado a un tipo en un ajuste de cuentas a puro facón, como si tal cosa. Todas sus frases terminaban invariablemente en "¡carajo!".Le adeudo -para bien y para mal- no sólo buena parte de mi carácter, sino de mi constitución psíquica. Anoche volví a soñar con él (a propósito, se ve, de esto que estoy escribiendo), como siempre, como aparecido. Balbuceó no sé qué cosas. Finalmente, no pudiendo permanecer en ese estado, se redujo rápidamente a un pequeño juguete de trapo y se escurrió en la penumbra. Desperté temblequeando, como siempre que sueño con muertos. Antes de dormirme vino a mi memoria cierto comentario de una noveleta vieja y mala (siempre se me pegan citas sueltas de programas berretas). La chica le decía al chico: "Vos hablando sos un nabo, pero escribiendo sos un genio". Era verdad. El personaje era bastante torpe, pero le escribía bonitos poemas a su chica, y ella lo quería por ese costado tierno. Lejos, muy lejos de la genialidad, ésta última resulta ser mi contracara: la del torpe que escribe cosas bonitas.
No sé a dónde iré yo con toda esta lata, pero sí se de dónde vengo. Vengo de ayer a la noche, en un tenebroso estacionamiento de Retiro. Ahí me dijiste lo que me dijiste. Seguramente salieron a lucirse mis dos caras, las hermanitas terca y torpe, con su espectáculo de contradicciones multicolores, como siempre, a tratar de explicar.
Te confieso: a veces, verme, me entristece. Pero por si es necesario repetirlo: escribir me redime, me hace sentir más humano, más real. Desnudo y vulnerable, en carne viva, enfrentado a mí mismo. La piel muerta de frío es lo único verdadero. Yo era poca cosa hasta que tu cuerpo y el mío se desnudaron juntos.

1 Comments:

Blogger Cordin said...

y que nada mas importe, carajo

10:06 p. m.  

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