14.11.05

si hay algo que nunca recuerdo (y siempre redescubro), es que escribo para entender.
si empiezo a mover los dedos, es porque algo no me cierra, porque en algún lugar se me hizo un agujero, se perdió un eslabón en la cadena, y no al revés.
cometo el error, no obstante, de ponerme dogmático y sentencioso, porque tiendo a confundirme y creer que tengo las respuestas a las preguntas, que lo que aprendí me sirve y me es suficiente. hago como que me olvido de lo que no me gusta o no me gustó, y voy como un tren y atropello lo que haya que atropellar.
a veces da resultado, pero no siempre.
cuando flaqueo porque me acuerdo que me había olvidado que no soy superman, y paro (caigo) y pienso y armo de nuevo el rompecabezas, ¡páfate!, el bajón, el síntoma.
no quiero hablar de lo que me duele. hay cosas que no quiero ser y creo buscar lo que sí quiero. pero el espejo se niega a ser un aliado en estos casos. no se cansa de mostrar lo peligrosamente cerca que estamos, todo el tiempo, de repetir la historia que con tanto esmero nos negamos a repetir: la de nuestros padres.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

hace mucho escribiste esto, pero recien hoy lo encontre... a veces me pregunto si estamos condenados a repetir la historia... otras veces lo afirmo... y la mayoria de las veces trato de convencerme que no puede ser asi...
pero puede, en el fondo se que si, y somos tan humanos o cobardes que dudamos...
hasta donde podemos llegar con tal de no repetir su historia??

interesante blog...

manocruel dijo...

tal como edipo, que huyendo para burlar la predicción del oráculo, acabó, igualmente, matando a su padre.

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